"Todo es urgente, y de tu decisión depende mucha gente". De esta manera resume la vida del productor de espectáculos Gabriel Fulgado. Él y sus colegas Miguel Moyano, Estrella Quiroga, Luciana Soria y Juan Luis Salvatierra se reunieron en LA GACETA para compartir experiencias, recuerdos y análisis sobre su trabajo.

Producir un show no es solamente vender entradas y luego cenar con el artista. Moyano, el más experimentado de ellos, confiesa que se vive con mucho estrés esta actividad.

"Dependemos de imponderables todo el tiempo. Mi trabajo es sobre todo en verano (produce especialmente shows tropicales), y el clima puede echar todo a perder... En invierno es duro trabajar porque los norteños no nos acostumbramos al frío y nada funciona muy bien", explica.Además de organizar un show, en muchos casos los productores deben desarrollar a un artista. "Hace siete años que traigo a Karamelo Santo. Al principio eran unos pocos los que iban, pero ahora explotó", indica Salvatierra. Lo mismo sostiene Soria, por ejemplo, con Lisandro Aristimuño, que en cada nueva visita debe recurrir a un local más grande. Y está el caso de Moyano, que en los 80 fue artífice de la masificación de figuras de como Valeria Lynch, Pimpinela o Gladys "La Bomba Tucumana", antes de que se convirtieran en estrellas internacionales.

Los productores eligieron la profesión, y la disfrutan. Fulgado y Salvatierra están contentos porque lograron traer juntos a Tony Levin (ex King Crimson), entre otros. Esto más allá de los muchos sinsabores que enfrentan. Uno de los problemas que tienen -dicen- es que trabajan solos, con excepción de algunos recitales en los que colaboran entre sí dos o a lo sumo tres gestores. "Los músicos y el público tienen amparo legal, nosotros no", confirma Salvatierra. Por eso, se entusiasman con revitalizar la idea de formar una cámara que los agrupe, surgida hace casi dos años.

Estar unidos podría ayudarlos, por ejemplo, a exigir reglas claras sobre impuestos, habilitaciones, permisos y varios factores más que tienen que ver con el andamiaje burocrático del Estado, que muchas veces complica y hasta impide su tarea.

Seguridad y consenso

También para establecer otro tipo de relación con los gobiernos en la definición de políticas de fomento, entre otras cosas. "En Salta, el Estado tomó partido por la cultura, el espectáculo y el turismo, tiene una infraestructura mucho más adecuada que la nuestra, y eso activó un mercado que es mucho más pequeño que el tucumano, pero que tiene una movida más fuerte", remarca Fulgado, que suele hacer shows en esa provincia.

"En los últimos ocho años hice 15 pedidos de apoyo, mínimos en su mayoría, que fueron rechazados", ejemplifica Quiroga.

Moyano apunta que hace falta más seguridad jurídica para los inversores. "Nadie quiere poner un peso en un local o una producción grande si no se sabe si luego tendrá la habilitación y podrá recuperar el dinero", dice.

Ellos eligieron esta profesión, y afirman que tienen muchas satisfacciones. Y más allá de los sinsabores y pérdidas que aparecen en el camino, hay un factor subjetivo que los desvela. "Cuando todo sale bien, el mérito es exclusivo del artista; pero si sale mal, es culpa exclusiva del productor", remarca Quiroga, y sus colegas asienten.